El respeto hacia y para uno mismo (opino, creo, pienso yo) es un derecho que se cimenta sobre el comportamiento lineal y público que el individuo muestra ante sus semejantes.
Se trata de un derecho que si bien es inherente al individuo puede ser modulado por las acciones, palabras y pensamientos de las personas.
El individuo como unidad no debe arrogarse el respeto y hacerlo suyo, utilizarlo como escudo dialectal, mono ignifugo ante las criticas, o paraguas ante la lluvia brulesca del etorno.
El respeto uno se lo gana por tal y como es, tal y como se comporta y tal y como actua.
El individuo, como unidad independiente, tiene derecho a establecer cuales son los límites que marcan la falta de respeto y el resto de semejantes debe ser capaz de no traspasar estos limites… por respeto. Pero el que los semejantes no traspasen estos limites dependerá de la coherencia del individuo y creo que esto es lógico.
Esto se llama convivencia.
Y respeto a los demás.
Si no se quiere respetar estos limites no hay convivencia. Se trata de una relación de quid pro quo.
Respetémonos y convivamos.
