Lunes 26 de febrero.
Cinco colgados (Mario, Juan Pedro, Roberto, Mazin y yo) nos vamos a Sierra Espuña a hacer la ruta que allí hay.
Cinco colgados, y así lo digo, porque aun avisandonos de que la bajada está muy mal (rota) vamos para allá para verlo con nuestros propios ojos… manda güevos.
Pero yo el más colgado de todos. Tenía que probar a hacer una ruta con una bici “pesada” (suena a eufemismo pero no lo es) y le pedí a Juanan (gracias Juanan) su Jueza, o sea que me marqué el rutón con una Cannondale Judge.
Casi na!
Una bici de descenso puro y duro en una ruta con un desnivel positivo acumulado de más de 1000 metros.
¿Estamos locos o qué?… es posible que yo sí
… bueno, Juanan también ya que es suya la bici
Ya somos 2 colgaos
Ya de entrada dejé claro que la subida me la iba a tomar con calma porque sabía lo que tenía que arrastrar pero aun así estaba un poco preocupado por cómo negociaría el principio de la ruta, la subida de las 1000 curvas por aquello de que la Judge es una bici muy larga y me iba a costar meterla en las angostas y empinadas curvas de la subida.
Pues resulta que me llevé una grata sorpresa y el maquinón respondió, eso la trazada de las curvas exigia atención y pulso, además hay que decir haciendo honor a la verdad que yo no estaba familiarizado con la geometría de esta bici… vamos que el paralítico soy basicamente yo y no la bici.
Eso, que la bici respondió a las mil maravillas y también hay que decir que ayudó el ritmo tranquilo que llevaban los que iban más ligeros de carga… aunque alguna propuesta de liberar ansia hubo todo hay que decirlo
Subida larga pero amena, muy divertida, sin hachazos.
Y la bajada… joder, qué bueno.
Al principio nos temimos lo peor. Raul ya nos había avisado de que la bajada la habían roto y nos encontramos con que el principio de la senda estaba lleno de ramas de arboles que las brigadas forestales habían dejado allí para recogerlas más tarde y ya os podeis imaginar lo que nos pudimos imaginar: adios a la bajada.
Pero no, sólo era el principio de esta bajada lo que estaba sucio y el resto fue ALUCINANTE.
La Jueza de Juanan hizo casi todo el trabajo y aun costandome acostumbrarme a moverla en los virajes ratoneros se comia todo lo que se pusiera por delante. Pero todo, todo, todo.
El sueño de cualquier biker bajadista y bajadero.
Bajada larga, de esas de las que hay puntos en las que te duelen los brazos de lo exigentes que pueden ser, pero la Jueza me lo hizo fácil y divertido.
Aun así bajé un tanto acojonado porque la Jueza llevaba los frenos cambiados y claro eso requería un extra de concentración en cada frenada.
Llegamos a cruzarnos con una manada de cabras montesas (¿o muflones, o cabras hispanicas o vete a saber “la marca” de los bichos, lo único que sé es que eran tochos y además tenían unos pedazos de cuernas que para qué os voy a contar) y estas son unas de esas cosas que junto con el entorno del lugar hacen que esta ruta sea especial.
Si la Santisima Trinidad mazingueriana lo dice por algo será: “Una cerveza, Sierra Espuña y una…”
Amén

¡¡¡ooojo!!!. Muchísimo cuidado con el orden de prioridades de la santísima trinidad; Sierra Espuña va antes de la/s cerveza/s. Podría ser fatal; imagínate la subida o peor, la bajada, después de cervecear… o de lo otro, y encima con los frenos cambiados. Imposible aplicar la propiedad conmutativa; te lo digo yo, que lo he probado.