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La Selva Negra

Segundo día del fin de semana de Pascua.

Sabado tempranito por la mañana, salgo a echar una carrerita por el campo, me doy una ducha, desayuno, saco de la cama a Henna (hay que ver cómo le cuesta :-) ) y salimos de camino a la Selva Negra.

Teniamos varios objetivos hoy.

El primero, no por orden de importancia (pero casi) sino por orden cronológico y también geográfico, era parar en Lorrach que es el primer pueblo alemanán una vez cruzada la frontera yendo hacia la Selva Negra.

Tocaba mercadillo.

Buenos producto y buenos precios. Valió la pena, no lo puedo negar. Productos naturales y caseros. Fruta, verdura, huevos y un par de caprichos: un pan casero (pero casero de verdad) y un trozo de tarta casera (tambinén casera de verdad) de manzana que tenía una pinta muy apetecible.

Los puestos estaban casi todos regentados por señoras mayores que (imagino) debían traer los productos de sus granjas.

Por cierto, ya a día de hoy hemos probado el pan y la tarta y tela marinera, si lo llego a saber (que estaban tan buenos) compro más. Volveremos al mercadillo en cuestión, de verdad que vale la pena.

Además había una ambientazo en el pueblo muy animado.

Mucha gente en la calle. Se notaba que hacia un tiempo muy bueno.

Seguimos y haciendo una parada en un supermercado para comprar más cosas (que no vivimos del aire) seguimos con el camino.

La Selva Negra ofrece unos paisajes idilicos que casi parecen mentira y es una zona que tenemos a menos de una hora en coche de Basilea.

Es una zona montañosa (no se pueden comparar con los Alpes ya que son mucho más bajos) que ofrece la posibilidad de disfrutar de la naturaleza de una manera relajada ya que el perfil de estas montañas es mucho más “amable” que los Alpes.

Esto no quita para que podamos encontrar aquí varias estaciones de esquí y varios bikeparks, como por ejemplo Todtnau (tienen las 2 cosas a la vez) que es donde paramos a comer.

Dos cosas descubrimos en Todtnau: el tobogan que en la estación hay (debe medir facilmente casi 1,5 km de longitud y tiene pinta de ser muy divertdo) y que el concepto de slow food lo inventaron en un restaurante de este bonito pueblo.

Una hora tardaron en servirme una ensalada… sí, 1 hora. Me dio tiempo a beberme mi cerveza, contemplar las nubes, disfrutar del Sol y comerme el plato de spatzle que Henna compartió conmigo… y menos mal que no me dio por leerme el ejemplar de El Quijote (edición en latín clásico) que llevo siempre en el coche conmigo :-D Me habría dado tiempo sin duda alguna.
Qué paciencia hay que tener y menos mal que yo tengo de sobra.

Hay que volver a Todtnau pero no a ese restaurante.

El bike park tene una pinta terrrrrrrrrible… volveremos :-)

Bueno, seguimos camino y decidimos coger una carretera secundario y mira por donde fue un acierto ya que pasamos por lugares preciosos que me hace pensar que volveremos con más calma para caminar por allí.

Nos cruzamos con mucha gente en bici… da gusto ver como los coches aquí respetan al ciclista.

Y hasta que llegamos a Freiburg.

Lo primero que se ve al llegar a Freiburg es el campanario de su catedral. Alto y espigado como una lanza clavada en el suelo. Me rio yo de los arquitectos que ahora levantan rascacielos ¡este campanario sí que tiene merito y no los edificios que construyen ahora!
Catedral gotica que empezó a construirse en el siglo XIII y que a día de hoy se encuentra en buen estado de conservación (si bien su alto campanario está siendo restaurado) a pesar de los duros bombardeos que sufrió la ciudad durante la 2ª Guerra Mundial y más concretamente en noviembre de 1944.

Pudimos ver en el interior de la catedral una fotografía aerea de la ciudad totalmente arrasada por las bombas y la catedral intacta en medio de la destrucción.

La foto ponía los pelos de punta.

Nadie diría que una ciudad tan bonita como esta hace podo más de 60 años no era más que un monton de escombros porque la ciudad, y más concretamente el centro histórico, es realmente digno de ver.

Recomendable la visita.

Y había una cantidad de gente por la calle increible.

El tiempo acompañaba desde luego, pero esta ciudad en verano tiene que ser la bomba.

Paseo por el centro, visita a la catedral y a casa a descansar.

Por el momento lo estamos pasando de coña.

Hay que disfrutar ¡qué carajo!

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