Me las prometía felices yo cuando el sabado por la mañana nos acercamos Anja, Morten, Juanan y yo al rodar por el circuito de la bici.
Me las prometía felices porque era un circuito volador.
Rápido, rapidísimo.
Vamos que visto el circuito de bici ma daban completamente igual las escaleras de marras y el mar Mediterraneo que yo me lo iba a pasar como un cerdo en una cochinera dándole a los pedales.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay lo que me queda por aprender aun…
El viernes habíamos ido a la playa a dar unas brazadas con los neoprenos y el agua además de limpia y transparente estaba de coña… vamos, que muy bien.
El sabado lo de la bici aun me hizo confiarme más.
Y llegué al domingo hecho un campeon.
Trastos a los boxes y a esperar a la salida para la carrera.
Beso a Henna, abrazos a los compañeros de armas y a darle al agua.
Qué mal.
Ni ritmo, ni lugar, ni nada de nada.
Nade a trompicones, sin ubicarme en ningún momento y más preocupado en lo que había a mi alrededor (otros nadadores) que en lo que debía hacer, o sea nadar.
Lo mejor de todo fue nadar con ese agua tan limpia y transparente de Arenales.
Lo peor, los calambres en las piernas con los que salí del agua… ¿pero de qué? Si apenas utilicé la patada en el agua. Ahi empezó mi calvario y es que creo que estaba bajísimo de sodio, potasio y la madre que parió al cordero porque o si no es que no entiendo nada de lo que pasó.
Via a Henna al salir del agua y eso me animo mucho (pero no me quitó los calambres).
¿Cómo puede ser que me dieran calambres nadando 1900 metros si hago tiaradas de hasta 5000 metros entrenando y acabo bastante bien fisicamente?… sin comentarios.
De ahi a la bici y como un machote empece lo que más iba a disfrutar.
La primera cuesta a plato y haciendo el animal: en mi linea.
Bajada larga hasta la salida de Arenales y… ¡joder! ¡si no me funciona el freno de detras!
Pues no se me ocurre otra cosa que pararme a repararlo, y como soy caborro como yo sólo perdí entre 15 y 20 minutos con el tema para al final no solucionarlo, así qeu decidí hacer la bici sólo con el freno de delante… con cuidadito en las frenadas y a darle a los pedales.
Viendo que había perdido mucho tiempo haciendo el moñas, me cebé en la primera recta de la pista del aeropuerto (que era la única en la que se suponía que iba a hacer viento de cara… ¡JA!).
Bueno, en realidad me cebé con la bici toda la primera vuelta adelantando a peña por doquier, y ese fue mi gran error.
Me dí cuenta de que no había una sóla parte del ciruito de recuperación (cuesta abajo y viento a favor… sobre todo esto último) y el sobre esfuerzo de la primera vuelta fue definitivo para mis piernas.
La segunda y la tercera vuelta me las pasé intentando encontrar un ritmo con el que nunca dí.
Viento de cara de mayor o menor intensidad.
Falta de ritmo y cadencia.
Sensaciones raras.
Un desastre.
Al menos me sirvió para rodar acoplado buenos ratos pero creo que aun me queda mucho que trabajar al respecto.
El sector de bicicleta fue de locos y el viento matador.
Qué gran verdad esa de que “A los ciclistas todo nos da de culo menos el viento”… qué gran verdad.
Y lo “mejor” aun estaba por llegar.
El sector de carrera a pie.
Dividamos una maraton entre 2.
Como resultado nos da una media maraton.
Pero si a esta media maraton le añadimos unas divertidas escaleras y unas desternillantes cuestas ¿qué nos da?…
… un calentón del 15.
Bajé de la bici tocado, con las piernas cargadas y amagos de calambres.
Sin duda alguna había perdido muchas sales y a pesar de haberme hidratado y alimentado bien (al menos eso creo), notaba que iba a arrastrarme por el circuito de las escaleritas.
Y no me equivoqué.
Las dos primeras vueltas fue una lucha continua contra los enormes calambres que tenía en las piernas y una batalla sin final por conseguir cierto equilibrio electrolítico que me paliara esos dolorosos calambres.
No puedo negar que se me pasó por la cabeza al menos una vez el retirarme pero el saber que había tanta gente que había venido a animarme no me permitía esos lujos.
Así que aquí fue cuando me demostré a mi mismo que soy duro mentalmente.
Me armé de paciencia, de varias botellas de agua y de varios trozos de platano y bajando el ritmo empece a hidratarme y alimetarme, parandome de vez en cuando (sobre todo en la zona de las cuestas) a estirar.
A pesar de haber tenido que subir la primera vez las escaleras de lado para evitar los calambres que me mataban de dolor y hacerlo la segunda vez en plan Chiquito de la Calzada, teniendo paciencia y manteniendo la calma conseguí eliminar los calambres pero el precio que tuve que pagar fue enorme.
En ningún momento pude correr a más de 145 ppm… o sea que ibas casi andando, cuando mi velocidad de crucero en carrera está muy por encima de esas pulsaciones.
Así tardé lo que tardé en la carrera a pie.
Pero al menos me demostré a mi mismo que sé sufrir, y sé gestionar ese sufrimiento y dolor aplicando soluciones sobre la marcha, que al final (al menos en este caso) resultaron ser efectivas.
Las 2 últimas vueltas de la media maraton fueron un paseo.
Me plantee que, ya que no podía subir de ritmo para no repetir los calambres, tenía que disfrutar.
Y lo hice.
Saludé, besé, abrace, charré, choque manos, hice chistes, compartí agua, hasta di consejos…
Y acabé, de aquella manera, pero acabé.
Arenales 113 resultó ser Doña Arenales 113.
No sólo por la dureza de la prueba… que fue muy dura Ximo, muy dura. Espero que esas diapositivas de las “otras” escaleras para los años venideros sean una broma
Lo fue por el ambiente, que evidentemente es algo que si bien se puede propiciar no se puede sacar de la nada… eso es pura química y en Arenales 113 creo que la hubo.
Y por la organización. Se nota cuando algo se hace con cariño, dedicación y gusto. Se nota porque sabe especial. Y Arenales 113 sabe al plato de paella de mi Madre. Porque está hecho con los mejores ingredientes, con mucho cariño y se comparte con la mejor gente. Gracias Ximo.
El año que viene vuelvo… a pesar de las escaleras
Por cierto, que gran verdad amigo Fran “Lo duro de conseguir es dulce de recordar”
PD. Fotos pronto
