Bueno, bueno, bueno… vamos a por el remate de la faena
Creo que me quedé en la T2 y con las geniales sensaciones que tenía.
Me cambié rápido y eché a correr.
De las 3 disciplinas esta era la que más miedo me daba, quizá porque es la que menos controlo.
Bueno, quizá no, es la que menos controlo.
Y a pesar de que los útlimos 2 meses había metido muchos kilómetros en la carrera a pie con varios rodajes de más de dos horas largas sabía que me venía grande el tema de correr una maraton por primera vez en mi vida.
Pero es estas ocasiones es cuando hay que coger el toro por los cuernos y tirar del carro.
Así que a esas me puse.
El tema es que como se que soy un motor diesel sabía (o al menos tenía esa sensación) que si no abusaba con el ritmo mis piernas aguantarían.
Vamos, que mi objetivo era mantenerme alrededor de las 145 ppm e ir tirando, sin nada de hacer exhibiciones porque no era momento de hacer experimentos.
Y a eso me puse.
Pulsaciones controladas y marcheta cogida.
Lo que en unos sitios llaman tran-tran y en otros marcha cochinera (me quedo con el segundo término… es bastante más descriptivo
).
A mi favor tenía varios factores: me había bajado de la bici con unas sensaciones cojonudas y tenía a Henna con todos los finlandeses (Kati, Lasse y la prima de este último)) animándome a muerte cada vez que pasaba por donde ellos estaban y eso es impagable.
En contra tenía basicamente dos variables: el desconocimiento de lo que pasaría cuando llegara el (puto) muro y un invitado inesperado.
El invitado inesperado fue mi inexperiencia… bueno, se puede llamar de otras varias maneras.
Voy a tratar de explicarme.
Este era mi primer IM y tenía muy en cuenta que la alimentación/hidratación era básica.
Sobre todo en la bici ya que en la carrera a pie resulta un poco más complicado beber y comer bien.
Me dijeron los que saben “En la bici tienes que comer como en una boda” por aquello de llegar bien nutrido e hidratado a la maratón.
Bueeeeeeeeeeeeeeeno… no saben a quien le dijeron eso
¿Como en una boda? Pues nada, yo fui obediente
Ayer lei un articulo en un revista alemana en la que indicaba la cantidad media de alimento a ingerir en un IM.
Aproximadamente (lo estoy poniendo de memoria) ponía que unos 12 geles, 3 ó 4 barritas energéticas, 1 ó 2 platanos, y bebida (no recuerdo cuanta).
Eso en toda una carrera.
Yo solo en la bici, me zumbé unos 16 geles (12 de ellos diluidos… y esto fue de lo mejor que pude hacer), 6 barritas de las grandes, un par de plátanos y ¿bebida?… me faltaban manos para coger bebida en los avituallamientos
Vamos, que era como cuando vas a un buffet libbre y dices aquello de “¿Buffet libre? Se van a enterar estos de lo que vale un peine”
Y claro, como resultado lo que obtuvefue una sensación de correr con una pelota en el estomago durante las 2 primeras vueltas en la maratón.
Esa sensación no me permitió ni beber ni comer bien durante esas 2 primeras vueltas porque notaba que si me metía mucho más líquido o sólido iba a echar las papas, pero aparte de la sensación de estar lleno no tenía ninguna otra molestia.
Iba con la marcheta de 1 hora 5 minutos por vuelta corriendo al lado de un colega aleman con el que estuve hablando muy animadamente las 2 vueltas y parecía que estaba todo controlado.
Talín me levantó las pegatinas cuando había iniciado la primera vuelta y había que ver qué ritmo que llevaba el tío… joder, qué envidia.
Pero bueno, mi guerra era otra y yo sabía que me tenía que mantener ahí.
Me tocó parar más de una vez en los baños para vaciar aguas y a pesar de no beber mucho no había signos de deshidratación.
Al ir a acabar la segunda vuelta empecé a sentirme más ligero y las piernas empezaron a carburar bien.
Ya me veia bajando de 11 horas y media… pedazo de machada. ![]()
Peeeeeeeeeeeero… no eran más que apariencias.
La deficiente alimentación e hidratación en las dos primeras vueltas me pasarón factura cuando ya llevaba iniciada la tercera vuelta y…
KATAKRAK!!!!!
Salió un señor muy majo con un martillo muy grande al hombro de detras de un arbol y me dijo “Juansi, majete, venga usted aquí un momento que le tengo que explicar una cosa…”
Y me zumbó un martillazo en toda la cocorota que me dejó baldado.
Sin fuerzas.
Sin gasolina.
Sin chispa.
Pero una cosa no me quitó, y era la voluntad de llegar a meta.
Y es que para caborro, yo.
Este fue el momento en el que los ánimos de mi gente se tornaron imprescindibles.
Buscaba como un loco llegar al punto donnde me cruzaba con ellos para que me insuflaran energía porque ya mis piernas eran 2 trozos de madera con unas zapatillas de correr al final.
Y me animaron como nunca me han animado.
Y no solo ellos me dieron animos.
Esto es lo mágico de una carrera así.
Porque parece que la gente intuya cuando realmente necesitas una palabra de animo y te la da y ese es el mejor bálsamo contra el dolor y el cansancio.
La tercera vuelta fue potable, la corrí en 1 hora y 15 minutos si mal no recuerdo.
La cuarta y última vuelta fue la hecatombe.
1 hora y casi 40 minutos en correr poco más de 10 kilómetros.
En esos momentos se me vinieron a la cabeza las babosillas y caracoles que he visto por el bosque cuando he ido a entrenar mis tiradas largas a pie.
¡Dios! ¡Me había convertido en uno de ellos!
Trotaba (por no decir corría arrastrandome) un rato y andaba un poco.
Tuve que andar varias veces, lo reconozco, pero es que la sensación de no poder mover las piernas era desesperante.
Y el ver como el corazón no podía subir apenas más allá de 130 pulsaciones era mentalmente muy duro.
Pero ahi fue cuando tiré de fuerza mental y me dije aquello de “Valiente, hay que acabar esto por lo civil, por lo penal o por lo criminal”.
Así que aquello que me habían dicho más de una vez de que un IM se corre con la cabeza se hizo realidad.
El poder de la mente es increible, y el como puede sobreponerse al dolor físico es sencillamente alucinante.
Mi cuerpo estaba diciendo “Para cacho melón”.
Mi mente gritaba “Hasta el final caborro, hasta el final… y hasta el final sonriendo”.
Joder… y eso hice.
En la última vuelta, cuando me dieron mi última pulsera, la de color rojo, pare en el punto de control dónde las daban y les dí las gracias a todos y cada uno de los voluntarios.
Les dí las gracias de todo corazón y con una sonrisa de oreja a oreja en mi cara.
Di las gracias ahi y dí las gracias en todos los avituallamientos por los que pase la última vuelta.
Algunos voluntarios (los más) sonreian y lo agradecían, otros (los menos) me miraban sonriendo como diciendo “Vaya globazo lleva este”.
El tema es que los últimos 4 kilómetros fueron un placer doloroso en los que incluso me permití subir un poco el ritmo, recomponer el gesto y parecer un verdadero atleta.
El poderoso efecto de la endorfina, digo yo
Ultimos kilómetros y recta de meta.
Allí me estaba esperando Henna junto con el clan finlandés.
No tiene precio lo que hicieron animándome.
Al entrar en la recta de meta saqué a Henna conmigo y le dije “Henna, te había prometido entrar en la meta llevandote en brazos, pero no sé si mis piernas aguantarán derechas”
Ella sonrió y entramos corriendo… ella casi tirando de mi.
Y es que ya 15 metros antes de entrar yo me emocioné tanto que me puse a llorar como un niño pequeño.
Debajo del reloj que marcaba mi tiempo (12 horas y 21 minutos) le di un besazo.
La mitad de esta locura, de este éxito, de este objetivo conseguido es suyo.
Y así se lo dije.
La maratón me había costado más de 5 horas de carrera y una uña negra.
Pero valió la pena.
Al fin, ya soy FINISHER.
Y esto no es más que el principio.

El año que viene piensa que hay una pizzería en Puerto del Carmen que es una bendición. No comas tanto antes y deja un hueco para el final…
BEEEEEEEEEEEEEEEESTIA: 16 geles (12 de ellos diluidos), 6 barritas de las grandes, un par de plátanos,….. A ti prefiero comprarte un traje que invitarte a comer!!!!!!
¿Cruzarla en brazos la meta? Anda ya tendrás tiempo de hacerlo en un mes, aunque sea sin el arco d ela meta.
GRANDE!!!
PD: No te olvides de quemar las medias!!!!
Dani, creo que ya conozco la pizzeria y el año que viene repito
Talín ¿para cuando dices que me invitas a comer?
PD. Las medias prometo que no las volvreis a ver